martes, 20 de febrero de 2018

Microcuento 3

Microcuento 3




Y dejó de luchar consigo mismo, porque comprendió que cada batalla interior en la que era partícipe le iba consumiendo los pocos años que le quedaban. Simplemente se limitó a una única cosa: aceptarse y ser feliz.

Microcuento 2

Microcuento 2

Y fue entonces cuando se miró al espejo y se detestó. 
— Esto es lo que eres. Puedes odiarme toda la vida o intentar vivir conmigo, tú decides— le dijo el espejo. 
A partir de ese día aprendió a mirarse con el corazón y no con los ojos de los demás

Debería estar prohibido

Debería estar prohibido nacer esclavo, saber que la primera exhalación de aire ya no es libre, sino que pertenece al mal nacido al que trabajarás.
Debería estar prohibido no poder escuchar los dulces sonidos que nos da la vida, la música hipnotizante de las liras o el amor ondeante de las cuerdas tensadas del violín.
Debería estar prohibido no poder ver las siete maravillas del mundo y la octava, ese fiel reflejo en el espejo de tu hermosa cara, porque es así, eres una persona hermosa.
Debería estar prohibido no poder darle al paladar el exquisito placer de saborear todo cuanto se pone ante ti.
Debería estar prohibido no poder oler los floridos campos, ese perfume impregnado en las pieles de cuantos están a tu alrededor.
Debería estar prohibido no ser el motor de tus movimientos.
Prohibidas también las guerras, los obuses pendientes del cielo y su impacto en la tierra.
Debería estar prohibido el pasar hambre, el pasar frío por no tener cobijo, las miserias y penalidades.
Debería estar prohibido el sufrir infantil, que los niños y niñas pudieran ver su cabeza desnuda mientras intentan luchar contra el fantasma que se les ha colado en su cuerpo y no quiere salir.
Debería estar prohibido no sentirse querido.
Prohibidas las miradas, caras y almas tristes.
Debería estar prohibido romper los sueños porque, soñando, es la única manera de poder evadir cuantas prohibiciones hay en este jodido y a la vez fantástico mundo.

lunes, 19 de febrero de 2018

Origireto Frebrero 1 y 2. El camino hacia Godmont. Goldmont.

Hola amantes de las letras!
Han sido muchos los días que he dedicado a escribir mis 2 relatos para el #OrigiReto2018, una iniciativa de los blogs Solo un capítulo más y La Pluma azul de Katty.
Como ya comenté en la anterior entrada, ahí podéis encontrar las bases del reto así como todas las temáticas propuestas. ¿A qué estáis esperando para apuntaros?
Espero que después de tantos días dedicándome a ello, el resultado sea bueno y os guste, a mi no me desagrada del todo.
Antes de deciros a qué objetivos pertenecen, como siempre, quiero que leáis los relatos y opinéis qué os parecen.
¡Aquí los tenéis!
 
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El camino hacia Goldmont


Robert Nolan era un joven articulista local del periódico El Diario Matutino de  veintitrés años. Llevaba trabajando para el periódico casi cinco años. Había sido descubierto por el señor Salazar un día en el que este paseaba por la plaza de la Goleta y vio a gente aglutinada. Se acercó para ver que ocurría y descubrió a un joven desarrapado y mugriento con lápiz en mano y montones de hojas alrededor. El por aquel entonces pobre Nolan, iba todos los días a la plaza en busca de almas que quisieran comprar uno de sus poemas a cambio de unas míseras monedas para poder comer.
 
Ese día, Salazar al ver el don que el muchacho tenía para las letras, se lo llevó a casa y tras una ducha gloriosa, nuevo ropaje y un plato de sopa caliente, le ofreció trabajar para él en el periódico.
Tras ese tiempo, Nolan había conseguido ganarse el respeto de sus compañeros y de Salazar.
Una mañana, mientras estaba en su escritorio redactando la que sería su próxima noticia, Salazar lo hizo llamar a su despacho. Allí el director, como tantas otras veces, lo felicitó por su labor y le encomendó una misión, pues eso le pareció a Nolan. Debería escribir un artículo sobre el manicomio de Goldmont. Para ello, el joven debería ingeniárselas para poder acceder sin ser descubierto.

— Vamos a dejarnos de rodeos, Nolan — le hubo dicho Salazar con ese tono de ahogamiento que adquiría cuando hablaba— ambos sabemos que eres el único capacitado para conseguir esa información, y estoy seguro que te las ingeniarás para traerme la que será la próxima bomba noticiera, confío en ti.
Tras concluir su jornada, el joven regresó a casa a hacer sus maletas. Se enfundó una gabardina gris, sus zapatos Oxford legate negros y un sombrero. Cuando se hubo asegurado de llevar su bloc de notas y lápiz, se despidió de su madre, se montó en su Jaguar Mark II color noche y puso rumbo hacia Goldmont.

Calculó que le llevaría un par de horas llegar a su destino, así que sintonizó una emisora nacional para hacer más ameno su viaje.
Condujo por caminos a los que aún no había llegado la electricidad, por lo que eran caminos oscuros en los que reinaba el silencio y en los que apenas se advertía vida humana.
El manicomio Goldmont estaba a las afueras de la ciudad, de manera que obligaba a quienes quisieran acercarse a lugar tan siniestro a coger vehículo, solo los valientes se atrevían a ir a pie.
Nolan sorteó varios caminos de gravilla, pues había oído que a pesar de ser atajos, muchos de los que los habían elegido habían acabado con el coche destrozado. De manera que optó por ir por los asfaltados, que en aquellos años eran bien pocos.

Mientras conducía en compañía de aquella emisora, Nolan pudo contemplar el paisaje. Carreteras decoradas por verdes y enormes pinos, aunque, si no llega a ser por la blanca luna llena, no hubiera podido discernir el color. Campos de cosechas surgían a uno y otro lado de la carretera esperando la llegada de la primavera para florecer. Era una noche de invierno bonita. El cielo estaba raso, presidido por esa majestuosa luna que hipnotizaba a todo aquel que osase mirarla durante muchos minutos seguidos. El paisaje terrenal aún estaba cubierto por un débil manto blanco producto de las nevadas de semanas atrás. A lo lejos, se podían contemplar muy tímidamente chimeneas humeantes.
Subió el volumen de la radio al escuchar la música de cabecera del informativo que daban cada noche.

—Bienvenidos al informativo nacional de la noche—apuntó una voz al otro lado— hoy es 24 de enero de 1961…

Le siguió una serie de noticias de actualidad tales como una reyerta acaecida en Montejilgero, capital del país. Todo había sucedido muy rápido un hombre vestido de negro se acercó a la mesa de una terraza contigua al museo de arte, sacó un revólver y disparó tres veces a uno de los clientes. Abdomen. Corazón. Y el último en la cabeza. Acto seguido el atacante huyó sin dejar rastro. Los rumores apuntaban a un ajuste de cuentas. También fue noticia el debate parlamentario, la boda de uno de los empresarios más poderosos del país, entre otras. Llegó la sección meteorológica. Al otro lado, una joven voz femenina comenzó a detallar el tiempo que haría en los próximos días.  

— Se avecina un nuevo temporal cargado de lluvias torrenciales. Entrará por el nordeste desplazándose durante los días advenideros hacia el resto del país. Las temperaturas sufrirán un descenso llegando a ser negativas en zonas de montaña acompañadas de cotas bajas de nieve. Por precaución, recomendamos a todos aquellos que deban coger vehículo reducir la velocidad y abrigarse lo máximo posible, pues el frío seguirá protagonizando lo que queda de mes. Buenas noches queridos oyentes.

Nolan bajó de nuevo el volumen. Echó una mirada al cielo. No parecía que fuera a llover pero, por si acaso, decidió acelerar un poco.
Continuó por la angosta carretera que conducía hacia el norte.
A su izquierda, pudo ver entre las ramas de los pinos que se aferraban a empinadas laderas el mar, y al frente, Goldmont.
El manicomio se alzaba en lo alto de esa carretera que trepaba en una cuesta interminable. Su monumental fachada sugería más bien un aspecto carcelario. Su angulosa silueta era un rompecabezas de alas en tinieblas. Estaba rodeado de una ingente verja de forja y pinares tenebrosos. Nolan experimentó un escalofrío que no supo si provenía del frío que estaba comenzando a tener o a la aproximación de aquel lugar.

Entonces, cuando le faltaba poco para llegar, su coche sufrió una avería, dejándolo tirado a mitad del camino. La única señal de civilización que vio cercana fue el manicomio, pero no le pareció buena idea acercarse a tales horas, pues temía que algo pudiera pasarle si descubrían que estaba ahí para realizar una investigación. Su plan era aparecer a la mañana siguiente sin levantar sospechas. Se haría pasar por familiar de algún paciente, sí. Mientras intentaba averiguar la falla del automóvil, vio que se acercaba a lo lejos un coche, le hizo señas, tocó la bocina, pero parecía no tener intención de detenerse. Lo último que el joven pudo ver, fue una intensa y cegadora luz blanca.



Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 20. Crea un relato que suceda en una carretera durante la noche. 

 © Este relato tiene todos los derechos reservados




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Goldmont

Perdió la consciencia por un momento; al despertarse se encontraba tirado frente al manicomio, un conserje enjuto y andrajoso al que le faltaba la mitad de los dientes lo invitó amablemente a pasar para que tuviera un refugio al menos esa noche, Nolan estaba tan aturdido que simplemente aceptó.

El amable conserje, lo llevó hasta una sala fría en la que había una mesa, una silla que se caía a trozos, un estrecho colchón tirado en el suelo, un pequeño armario y un transistor. Nolan interpretó que eso debía ser la guarida de aquel hombre. Le invitó a sentarse en la silla, a lo que Nolan obedeció, pues aún sentía sus piernas flaquear. Mientras Nolan intentaba entrar en calor, el conserje abrió aquel armario que olía a humedad y extrajo un termo. Vertió un poco de café y se lo ofreció al joven que aceptó agradecido.
Aquello sabía a rayos, pero hizo amago de estar saboreando un excelente líquido del mismísimo Baco.
El viejo conserje, contemplaba al joven acariciándose su rala barba.

— ¿Que hacía usted a estas horas de la noche ahí fuera? — preguntó curioso
Nolan tragó nervioso. No podía delatarse. Si le decía quién era su viaje hasta allí no habría valido para nada, así que tendría que inventarse algo.
— Soy nuevo en la ciudad— mintió— buscaba un hostal en el que hospedarme, debí de equivocarme de camino y para cuando me di cuenta mi coche sufrió una avería, después vi a un coche acercarse, pero no recuerdo como llegué hasta aquí— concluyó aferrando la taza.
— Mmm— sopesó el conserje — está bien joven, puede tumbarse en ese colchón, no es mucho pero le bastará para pasar la noche, en el armario tiene una manta, yo voy a seguir mi ronda de vigilancia.
Nolan se lo agradeció y sin más vio como el hombre cerraba la puerta dispuesto a proseguir su trabajo. 
El imberbe articulista buscó la manta donde le había indicado aquel individuo y se tumbó en aquel sucio colchón que olía a orines y humedad. Fue tal el cansancio que su cuerpo sostenía que apenas le dio tiempo a sentir asco por aquel lugar, sus ojos y su mente se cerraron al instante.

Despertó a la mañana siguiente por unos fuertes truenos. Abrió los ojos. Sintió una penetrable punzada en las sienes. Intentó incorporarse pero todo a su alrededor le daba vueltas. Cuando consiguió mantener su cabeza erguida se percató del lugar. Aquello no era la guarida del conserje. No estaba en el viejo colchón en el que se tumbó exhausto la noche anterior. Era una habitación cubierta de paredes blancas, con una ventana forrada con barrotes desde los que se podía ver el exterior de Goldmont. El manicomio estaba rodeado por una ciudadela de estanques cenagosos, un enorme patio y pinares encantados. En aquel lugar no tenía nada, tan solo una cama y una silla. Nolan se acercó a la puerta. Estaba cerrada. Dio varios golpes. Nada. No sabía qué hora era ni quién lo había conducido hasta allí. El cielo estaba cubierto por un extenso manto oscuro. La voz de la sección meteorológica tenía razón, llovería y mucho. Los truenos eran incesantes. Volvió a golpear la puerta. Esta vez oyó un manojo de llaves y como alguien, tras dar con la correcta, la introdujo en la cerradura.

Al otro lado lo recibió una mujer casi sexagenaria, de baja estatura, caderas anchas y ojos saltones.
— Perdone señora, ¿por qué estoy aquí? — quiso saber un nervioso y asustado Nolan
La mujer lo miró por encima de las gafas y soltó una risa maliciosa.
— ¿Por qué va a ser?, todos estáis como cencerros pero nadie lo admite.

Nolan ahogó un grito.

— Ponte esto— le dijo tirándole un pijama blanco con rayas grises— el doctor Raez quiere verte.
¿Doctor? Él no estaba loco. Quiso decírselo a aquella endiablada mujer, pero pensó que sería mejor decírselo al tal Raez.

Cuando se hubo puesto el pijama, siguió a aquella mujer hasta la consulta del doctor. Las habitaciones de los internos estaban situadas a lo largo de aquel corredor cavernoso que yacían en perpetua penumbra, envueltas en un eco espectral.

En la consulta del doctor, intentó explicarle que él no era un loco, tan solo era un joven que venía desde lejos a visitar a unos parientes y que en su viaje se equivocó de camino sin poder recordar cómo llegó hasta la puerta de Goldmont. El doctor no pareció escucharlo. Nolan pudo ver como en el que acertó a adivinar que era su informe escribió: paranoia.

Seguidamente, mandó a dos enfermeros que acompañasen a Nolan a su habitación. Ante eso, Nolan echó a correr por el pasillo. Con suerte saldría ileso de allí. Pero se le plantó en su camino otro enfermero que se lo impidió a toda costa. Lo llevaron hasta una sala donde le dieron fuertes descargas eléctricas directas al cerebro. Y así pasaron tres días. Una  noche se encontró a una joven enfermera a su lado. Nolan se intentó ocultar.

Contempló a aquel ángel. Se llamaba Marina y tenía los ojos más azules que jamás había visto y una perfecta y castaña melena ondulada. Marina le confesó que sabía quién era y que había presenciado como lo torturaban en aquella sala, pero esperó a poder estar a solas con él, de lo contrario también ella podría salir perjudicada. Ante aquello, Nolan también le contó lo que había ido a hacer allí. Marina le ayudaría a escapar aquella misma noche. Para ello, le dejó un reloj de bolsillo y le indicó que cuando fueran las doce de la madrugada bajase hasta las cocinas y que escapase por las puertas traseras.

El joven articulista siguió al pie de la letra las instrucciones de Marina. A las doce, salió de la habitación que la joven había dejado abierta a caso hecho y bajó a las cocinas. Marina lo esperaba allí para despedirlo. Nolan contempló por última vez a su ángel  y salió al patio. Entonces, se volvió y le dijo:
—Pero mi investigación…
—Tranquilo, ven a verme— y tendiéndole un papel entre las manos, posó sus labios en los de él.
Nolan abrió aquel papel que decía:
Calle señorial, nº 18, Portanova.
 Marina Mur
El joven huyó de allí llevándose la mirada de Marina grabada en su corazón a fuego lento.




Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2018 para el objetivo 2. Escribe una historia de terror que suceda en un manicomio 

© Este relato tiene todos los derechos reservados

P.D: siento que el segundo relato no cumpla con el objetivo exactamente, pero para cuando me he dado cuenta ya era tarde, aún así espero que guste.



domingo, 4 de febrero de 2018

Microcuento 1



Microcuento 1
 

— Doctor, ¿qué tengo?
Aquel hombre enjuto se acarició su poblada barba y añadió:
— Según mi diagnóstico, sufre usted de biblio y escribomanía con una ensoñación excesiva desbordante. Me levanto y me dirijo a la puerta.
— ¿A dónde va?
— A seguir disfrutando de mi locura

Reseña nº1. En Algún Lugar de tu Mente

Buenos días espiraleros/as!

Hoy que hace un día gris, frío (cosa que en Murcia suele ser poco frecuente) y tengo tiempo, os traigo la reseña de En Algún Lugar de tu Mente, a cuya autora Ailina Shebelle conocí cuando aún éramos unas niñas de primaria y a la que, afortunadamente, después de muchos años he conseguido encontrar a través de redes sociales. Es verdad que cuando publicó su libro le dije que lo iba a leer, cosa que no hice en aquel momento (para matarme), sino que ha tenido que pasar un año para conseguir su libro y poder leerlo sin distracciones y, he de decir que ha merecido la pena. Siempre he pensado que las cosas, los momentos tienen su propia fecha y, está claro que era este el momento de poder disfrutar con estas hojas llenas de magia.
Es verdad que no soy muy aficionada a leer historias románticas, más bien me gusta el lado misterioso, policíaco y, en ocasiones, sangriento. Pero este libro me ha sorprendido gratamente. He disfrutado como una niña mientras lo leía, he tenido esa ilusión e intriga de saber qué pasaba en la página siguiente y, lo mejor de todo, es que ha conseguido enamorarme. Y por último añadir que para mí es un auténtico placer poder inaugurar mi sección de Reseñas con este libro y con esta autora.
Aquí va mi reseña:



En Algún Lugar de tu Mente



SINOPSIS   

"Cuando Amelia entra en esa casa fría y oscura siempre lo hace con incertidumbre y desconfianza, pero todo cambia cuando se atreve a ir más allá y habla por primera vez con Jackson, el chico de sus sueños. Su mente la adentrará en un mundo en el que, con la ayuda de Jackson, tendrá que salir o quedarse atrapada para siempre. Historias de amor se entrelazan con el maravilloso y extraño mundo de los sueños. ¿Te atreves a soñar?"







La protagonista de esta historia es Amelia, una chica con la que no he conseguido conectar demasiado, aunque es cierto que es muy familiar y le gusta escribir, cosa que comparte conmigo. Ella vive con su hermano Patrick y con sus padres, Debi y Sam, cuya historia de amor me ha encantado. Si hay algo que debo destacar de esta familia, es la relación tan estrecha que tienen. La relación fraternal entre Amelia y Patrick es un claro ejemplo donde podemos ver que las relaciones entre hermanos no siempre son grises, sino que también existe la complicidad, confianza y sinceridad, lo cual me encanta porque yo con mis hermanos tengo esa relación, y a mi modo de ver, es lo más bonito que puede haber. 
El personaje de Patrick es simplemente maravilloso. La preocupación y protección que tiene por Amelia es el claro ejemplo que refleja lo mucho que significa su hermana en su vida, y que decir tiene la historia tan bonita que le llevó a conocer a Thomas.
También tenemos al personaje de Sylvia, la mejor amiga de Amelia, que, aunque al principio me dio la impresión de ser una chica egoísta y prepotente, conforme fui avanzando descubrí que es una chica que quizá por miedo, rechazo o timidez muestra ese lado duro pero que en realidad no es así. 
Por otro lado, ya avanzada la historia nos encontramos a Christian, un compañero de clase de Amelia con el que entabla una bonita amistad.  Es con Christian con el personaje que más he conseguido identificarme, pues por ese rechazo y soledad social he pasado yo casi toda mi vida pero, al igual que él, cuando consigue amistades, soy entregada y me preocupo por ellas. 
Volviendo a la protagonista, Amelia cada vez que cierra los ojos no deja de soñar lo mismo, con una casa fría y oscura a la que teme de acceder. Todo cambia cuando encuentra el valor suficiente para acercarse al chico con el que cada noche sueña, que toca la guitarra y por el que vela los vientos, Jackson. Amelia, en un principio, se intenta autoconvencer de que es simplemente un sueño más, sin embargo, le parece todo tan real que empieza a desconfiar de su propia mente. ¿Qué es real y qué no lo es? Amelia tendrá que descubrirlo por sí misma y tomar decisiones importantísimas que podrán hacer que su vida adquiera un giro completamente distinto hasta el que ahora podría haber imaginado.

Como he dicho al principio de esta entrada, no soy muy aficionada a este tipo de historias, pero lo que sí puedo decir es que ha sido una lectura muy amena, divertida, aunque también con un toque dramático, de aventura y de acción, con una historia mágica y de fantasía que te atrapa en cada una de sus páginas.  
Lo que sí que me hubiera gustado es que el final hubiera estado cargado de más acción, mas lucha, pero es solo mi humilde opinión, aún así, mi enhorabuena a Ailina por estas páginas y, decirle...¡nunca dejes de escribir!

Podéis encontrar a la autora en su blog Ailina entre Libros